martes, 28 de noviembre de 2017

Soy la hija del silencio

Soy la hija del silencio.

No cualquier silencio, sino que un silencio solapado, escondido tras puertas y ventanas, incluso bajo el hueco de la puerta en que descansaba un pobre y gastado choapino.

De silencios esculpidos en las paredes que gritan ahogadas a todas partes y que mueren en cada esquina sin siquiera haber nacido.

Silencio de ultratumba, silencio de silencios reunidos.

Silencio, silencios, silencias.

Soy en medio del mundanal ruido.

Medusa
(28/11/2012, editado 28/11/2017)

domingo, 26 de noviembre de 2017

El Jardín de Los Enmascarados

Va y viene cual péndulo obsesivo, se desliza sigiloso entre cada grieta,  desenreda las ramas de la arboleda,  invita al sueño eterno de seres lánguidos, en medio del grito de una bala, se mece el jardín de los enmascarados.

Un soplo de vida inesperado se aventura, murmura suavemente completando la armonía del himnótico baile de los sentidos: Qué selle el anhelo! Calme las ansias! Qué llene el vacío insaciable de una vasija profundamente rota!

Me dormí espectante en tu alma que amanecía, que invitaba a mecerce, como el sol de la mañana, me llevaste por un sendero de enmascarados e indomables fieros, tan fieros, como el ejército del peor de los tiranos, que silban cual hienas en medio del festejo de restos moribundos. Se burlan, ríen, destellan, saltan, clavan agudos los dientes sobre sus cuellos, tan sólo para recordar lo evidente: Un Tirano nos gobierna.

Agitado el viento, vuelve a despertar los fuegos de mi vientre, dejando cenizas repartidas por doquier que buscan oxígeno para volverse hoguera.

Mientras, mariposas pequeñas, ingenuas, revoltosas, revolotean intentado hallar un color, cual pintoras famosas alientan al tímido que navega desde el origen de tu nuca para  desembarcar exhausto, pero anhelante, en la boca de un cerro que agoniza.

Un cóndor le ronda la cima, una y otra vez, con sus alas majaderas despeina los cabello alborotados. Precipitándose, en contra del aire fresco que jadea en los oídos,  los despierta al compás de un ritmo amenazantemente armonioso.

De pronto, sus faldas temblorosas, sinuosas, fósiles rocosas, expuestas ante el cascabel de la seductora que se desliza cada noche sobre la llanura; caen desnudas, convertidas en siervas, que trémulas, justo antes de rendirse, gritan: Maldita la máquina que tala! tala que tala, tala que tala, tala que tala! Bestia despiadada, arrasó insensible con la brevedad, que debió ser eterna, fecunda.

Huyen los enmascarados, teñidos de miedo, cual manada de gacelas acechadas. La intespestiva huída se confunde entre el ruido de la taladora y del viento que arremolinó las cenizas dejándolas convertida en fuego.

Tan sólo una pequeña llama abrazó sus ramas esparcidas.

Otro destino fuera si el ejército hubiera rodeado senderos ocultos, con un rugir de campanas gigantes, explotando la altivez de su estructura.

Si aquella pequeña llama encenderse en holocausto, quisiera, hasta la última gota de rocío, seca, gimiente,  treparía cerro arriba, silenciando el tala incesante,ensordecedor, de aquella máquina.

Medusa